viernes, 2 de octubre de 2015

Monstruos

Los monstruos existen pero no sabemos cómo identificarlos. Nos enseñan que son feos, dan miedo y un poquito de asco. Sin embargo, es otra la realidad: los monstruos no son peludos, deformes y, por supuesto, no asustan.
Tal vez por eso, los monstruos pueden acercarse a nosotros, sonreírnos y apropiarse de nuestras energías hasta que se llevan todo y nos dejan vacías, vencidas y caídas: por dentro y por fuera.
Esa nada nos da pánico y nos impide seguir o incluso ponernos de pie. Cuando nos damos cuenta es tarde, queremos correr, alejarnos… pero no podemos y perecemos bajo el fuego del terror.

… Cuando las llamas se extinguen, apenas quedan rastros de lo que fuimos. Algunas aún podemos armarnos de nuevo, otras ni siquiera tenemos esa oportunidad. El ataque fue certero y nos destrozó el alma, el cuerpo. Luego del pánico subsisten quienes nunca nos dejaron, quienes reconocieron a los monstruos, pero cuyas advertencias no escuchamos. Lo terrible es que esos ángeles visionarios están más solos que nosotros, porque ni siquiera nos tienen para ayudarlos en la batalla que emprenden para atrapar a los monstruos, para que ya no vuelvan a hacer más daño… 
Quizás, más adelante el dolor se anestesie y la paz retorne a las vidas de quienes dejamos atrás. ESPERO QUE ASÍ SEA.

miércoles, 5 de agosto de 2015

Abismo

En el fondo de mis ojos hay un abismo. En el fondo oscuro habita mi mayor miedo. Ese desconocido está agazapado ahí desde hace decenios. Ese que no tiene nombre, a veces susurra desde la parte más recóndita de la sima acuosa de mis retinas, desborda el límite de mis párpados y, sin aviso previo, inunda mi rostro.
En ese abismo habitan mis miedos y desconsuelos. Esos momentos que no quiero recordar, pero que no puedo olvidar: la última mirada de quien se fue a otro plano; la última sonrisa de mi madre antes de perderse en el laberinto de su mente…
… Y, en especial, aquella vez cuando, hace ya mucho tiempo, el primer amor me deslumbró. Ese amor que acompañó mi primer crecimiento, mi primera transición, mientras yo seguía enceguecida ese sendero que marcó el resto de mis amores.
Ese amor que se llevó todo y me dejó extraña e inexplicable para otros amores que posaron sus miradas frente a la mía. Esos que, invariablemente, huyeron porque vieron el abismo y creyeron vislumbrar su fondo, pero que sólo contemplaron la superficie helada y oscura…
… Quizás fue mejor así… porque ahí en el fondo sólo estoy yo, con miedo, frágil y aún niña. En el fondo no hay defensas y, tal vez, corro el riesgo de quedar nuevamente deslumbrada.

miércoles, 18 de marzo de 2015

Mi planeta

Mi planeta está hecho a mi medida. Su cielo es celeste y está matizado con todos los tonos naranja y tierra que puedas imaginar. Sus nubes son suaves algodones, aunque sea un tópico tan común. El suelo es fértil y tiene muchos árboles, flores y, por supuesto, predominan los colores verdes. También tiene ríos, lagos y mares azules y transparentes.
En este lugar yo soy feliz, estoy tranquila y puedo vivir a plenitud. Este mi mundo gira alrededor del mismo Sol que ilumina el tuyo, pero el mío es invisible para ti y los tuyos. A veces, cuando en tu cielo la atmósfera es muy clara, logras ver un destello de mi planeta, pero cómo dura muy corto tiempo nadie da fe de su existencia.
Eso está bien. Así yo puedo decidir quién viene y quién no. De este modo no tengo que preocuparme porque algún visitante inesperado quiebre la paz de mi hogar.  Intente apoderarse de él o quiera destruir su equilibrio.
¿Suena egoísta? Quizás, pero tengo una obligación que cumplir. Éste es mi planeta, pero no porque yo sea su dueña, sino porque yo tengo la responsabilidad de cuidarlo. Hace muchos años, vivió aquí una colonia de visitantes llegados de tu planeta. Ellos construyeron una pequeña ciudad y comenzaron a disfrutar del clima primaveral de mi planeta. Pero se olvidaron de cumplir las reglas. Nada extraordinario: talar árboles dónde no debían hacerlo, cazar más de lo autorizado, no limpiar la basura, y mi planeta comenzó a sufrir, su cielo perdió vigor, el agua comenzó a tener un olor extraño y bastante feo, como si algo estuviera podrido y varias otras cosas más, que no te cuento, porque no quiero quejarme de los tuyos. Simplemente, ellos no pudieron adaptarse a las particularidades de este mundo.
Por eso, un día les pedí que se fueran y  así lo hicieron. Pero esa es una historia que otro día te contaré. Sólo quiero decirte que, después de mucho trabajo y esfuerzo mi planeta recuperó su energía, aunque quedaron algunas cicatrices y heridas que no pueden sanar… pero no recordemos eso. Ahora, no quiero que comiences a preocuparte sin motivo. Ya tendremos oportunidad de conversar sobre esas historias.