viernes, 2 de octubre de 2015

Monstruos

Los monstruos existen pero no sabemos cómo identificarlos. Nos enseñan que son feos, dan miedo y un poquito de asco. Sin embargo, es otra la realidad: los monstruos no son peludos, deformes y, por supuesto, no asustan.
Tal vez por eso, los monstruos pueden acercarse a nosotros, sonreírnos y apropiarse de nuestras energías hasta que se llevan todo y nos dejan vacías, vencidas y caídas: por dentro y por fuera.
Esa nada nos da pánico y nos impide seguir o incluso ponernos de pie. Cuando nos damos cuenta es tarde, queremos correr, alejarnos… pero no podemos y perecemos bajo el fuego del terror.

… Cuando las llamas se extinguen, apenas quedan rastros de lo que fuimos. Algunas aún podemos armarnos de nuevo, otras ni siquiera tenemos esa oportunidad. El ataque fue certero y nos destrozó el alma, el cuerpo. Luego del pánico subsisten quienes nunca nos dejaron, quienes reconocieron a los monstruos, pero cuyas advertencias no escuchamos. Lo terrible es que esos ángeles visionarios están más solos que nosotros, porque ni siquiera nos tienen para ayudarlos en la batalla que emprenden para atrapar a los monstruos, para que ya no vuelvan a hacer más daño… 
Quizás, más adelante el dolor se anestesie y la paz retorne a las vidas de quienes dejamos atrás. ESPERO QUE ASÍ SEA.

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