Mares y materia
lunes, 22 de junio de 2020
jueves, 11 de junio de 2020
Adiós flaco
Adiós flaco, eres humo, eres un ángel. El martes (9 de junio de 2020) te fuiste. Tu cuerpo cansado y destrozado dejó de luchar y tu alma partió al infinito. Es la primea vez que no contengo las lágrimas por alguien a quien no conocí de cerca, al menos físicamente.
Desde el 9, solo escucho tus canciones, tu voz dulce acompaña el trabajo, la comida y los pensamientos. Tal vez tu enfermedad, tal vez tu sencillez para aceptarla, tal vez tu resiliencia, o tal vez tu última melodía entusiasta y que disimula el cansancio, en ese video ya visto por millones, o simplemente porque estás en mis recuerdos desde hace más de 20 vueltas al Sol, tu partida sacó lágrimas de mis ojos.
Desde ese 9, recordé los años universitarios, cuando nació una de las amistades más importantes y cuando Gaby me presentó tus canciones, aquellas que nos hacían soñar con convertirnos en la flaca que había logrado enredarse en tus cabellos.
Más de dos décadas después, toca decir adiós, apagar el soundtrack de la juventud y aceptar que el último cuarto corre desde hace rato. Es hora de mirar atrás, aceptar las cargas y abrazarlas con alegría, dar la bienvenida a las enfermedades que conocimos en este tiempo, a las pérdidas y, en especial, agradecer por el cariño sincero que no se va, a pesar de los malentendidos.
Por eso y más te lloro, aunque nunca supiste quién fui y yo solo te contemplé tras una pantalla.
Adiós Pau Donés, hasta pronto Jarabe de Palo. Saluda a los ángeles que te precedieron, dile a mi mamá que te cuide, ella sabrá qué hacer...
"Gracias por lo que nos diste, es mucho más de lo que pedimos"
Desde el 9, solo escucho tus canciones, tu voz dulce acompaña el trabajo, la comida y los pensamientos. Tal vez tu enfermedad, tal vez tu sencillez para aceptarla, tal vez tu resiliencia, o tal vez tu última melodía entusiasta y que disimula el cansancio, en ese video ya visto por millones, o simplemente porque estás en mis recuerdos desde hace más de 20 vueltas al Sol, tu partida sacó lágrimas de mis ojos.
Desde ese 9, recordé los años universitarios, cuando nació una de las amistades más importantes y cuando Gaby me presentó tus canciones, aquellas que nos hacían soñar con convertirnos en la flaca que había logrado enredarse en tus cabellos.
Más de dos décadas después, toca decir adiós, apagar el soundtrack de la juventud y aceptar que el último cuarto corre desde hace rato. Es hora de mirar atrás, aceptar las cargas y abrazarlas con alegría, dar la bienvenida a las enfermedades que conocimos en este tiempo, a las pérdidas y, en especial, agradecer por el cariño sincero que no se va, a pesar de los malentendidos.
Por eso y más te lloro, aunque nunca supiste quién fui y yo solo te contemplé tras una pantalla.
Adiós Pau Donés, hasta pronto Jarabe de Palo. Saluda a los ángeles que te precedieron, dile a mi mamá que te cuide, ella sabrá qué hacer...
"Gracias por lo que nos diste, es mucho más de lo que pedimos"
viernes, 15 de abril de 2016
El desconocido
Mientras descansaba sobre una banca en la plaza, con los ojos fijos en
la nada, se sentó a mi lado el amor. Me sonrió, yo le sonreí (como en la
canción), platicamos un buen rato, nos miramos hasta lo más profundo de
nuestros ojos y nos dimos un abrazo…
Luego, él se levantó, me hizo un gesto con la mano para que
lo siguiera, pero yo me quedé quieta: no pude reconocerlo. Mi amor no se parecía
al príncipe azul esperado, era muy “normalito”… Por
eso se fue con los ojos entristecidos y no me di cuenta hasta que el día
terminó y mi banca en la plaza se confundió con la oscuridad de la noche.
Cuando quise buscarlo ya era tarde, había partido hacia el infinito…
viernes, 2 de octubre de 2015
Monstruos
Los monstruos existen pero no sabemos cómo identificarlos. Nos
enseñan que son feos, dan miedo y un poquito de asco. Sin embargo, es otra la realidad: los monstruos no son peludos, deformes y, por supuesto, no asustan.
Tal vez por eso, los monstruos pueden acercarse a nosotros,
sonreírnos y apropiarse de nuestras energías hasta que se llevan
todo y nos dejan vacías, vencidas y caídas: por dentro y por fuera.
Esa nada nos da pánico y nos impide seguir o incluso
ponernos de pie. Cuando nos damos cuenta es tarde, queremos correr, alejarnos…
pero no podemos y perecemos bajo el fuego del terror.
… Cuando las llamas se extinguen, apenas quedan rastros de lo
que fuimos. Algunas aún podemos armarnos de nuevo, otras ni siquiera tenemos
esa oportunidad. El ataque fue certero y nos destrozó el alma, el cuerpo. Luego
del pánico subsisten quienes nunca nos dejaron, quienes reconocieron a los
monstruos, pero cuyas advertencias no escuchamos. Lo terrible es que esos ángeles visionarios están más solos que nosotros,
porque ni siquiera nos tienen para ayudarlos en la batalla que emprenden para atrapar
a los monstruos, para que ya no vuelvan a
hacer más daño…
Quizás, más adelante el dolor se anestesie y la paz
retorne a las vidas de quienes dejamos atrás. ESPERO QUE ASÍ SEA.
miércoles, 5 de agosto de 2015
Abismo
En el fondo de mis ojos hay un abismo. En el fondo oscuro
habita mi mayor miedo. Ese desconocido está agazapado ahí desde hace decenios. Ese
que no tiene nombre, a veces susurra desde la parte más recóndita de la sima
acuosa de mis retinas, desborda el límite de mis párpados y, sin aviso previo,
inunda mi rostro.
En ese abismo habitan mis miedos y desconsuelos. Esos
momentos que no quiero recordar, pero que no puedo olvidar: la última mirada de
quien se fue a otro plano; la última sonrisa de mi madre antes de perderse en
el laberinto de su mente…
… Y, en especial, aquella vez cuando, hace ya mucho
tiempo, el primer amor me deslumbró. Ese amor que acompañó mi primer
crecimiento, mi primera transición, mientras yo seguía enceguecida ese sendero
que marcó el resto de mis amores.
Ese amor que se llevó todo y me dejó extraña e inexplicable
para otros amores que posaron sus miradas frente a la mía. Esos que,
invariablemente, huyeron porque vieron el abismo y creyeron vislumbrar su fondo,
pero que sólo contemplaron la superficie helada y oscura…
… Quizás fue mejor así… porque ahí en el fondo sólo estoy
yo, con miedo, frágil y aún niña. En el fondo no hay defensas y, tal vez, corro
el riesgo de quedar nuevamente deslumbrada.
miércoles, 18 de marzo de 2015
Mi planeta
Mi planeta está hecho a mi medida. Su cielo es celeste y
está matizado con todos los tonos naranja y tierra que puedas imaginar. Sus
nubes son suaves algodones, aunque sea un tópico tan común. El suelo es fértil
y tiene muchos árboles, flores y, por supuesto, predominan los colores verdes.
También tiene ríos, lagos y mares azules y transparentes.
En este lugar yo soy feliz, estoy tranquila y puedo vivir a
plenitud. Este mi mundo gira alrededor del mismo Sol que ilumina el tuyo, pero el
mío es invisible para ti y los tuyos. A veces, cuando en tu cielo la atmósfera
es muy clara, logras ver un destello de mi planeta, pero cómo dura muy corto
tiempo nadie da fe de su existencia.
Eso está bien. Así yo puedo decidir quién viene y quién no.
De este modo no tengo que preocuparme porque algún visitante inesperado quiebre
la paz de mi hogar. Intente apoderarse
de él o quiera destruir su equilibrio.
¿Suena egoísta? Quizás, pero tengo una obligación que cumplir.
Éste es mi planeta, pero no porque yo sea su dueña, sino porque yo tengo la
responsabilidad de cuidarlo. Hace muchos años, vivió aquí una colonia de
visitantes llegados de tu planeta. Ellos construyeron una pequeña ciudad y
comenzaron a disfrutar del clima primaveral de mi planeta. Pero se olvidaron de
cumplir las reglas. Nada extraordinario: talar árboles dónde no debían hacerlo,
cazar más de lo autorizado, no limpiar la basura, y mi planeta comenzó a
sufrir, su cielo perdió vigor, el agua comenzó a tener un olor extraño y
bastante feo, como si algo estuviera podrido y varias otras cosas más, que no
te cuento, porque no quiero quejarme de los tuyos. Simplemente, ellos no
pudieron adaptarse a las particularidades de este mundo.
Por eso, un día les pedí que se fueran y así lo hicieron. Pero esa es una historia que
otro día te contaré. Sólo quiero decirte que, después de mucho trabajo y
esfuerzo mi planeta recuperó su energía, aunque quedaron algunas cicatrices y
heridas que no pueden sanar… pero no recordemos eso. Ahora, no quiero que
comiences a preocuparte sin motivo. Ya tendremos oportunidad de conversar sobre
esas historias.
lunes, 4 de agosto de 2014
Que te vuelvan a ver…
Ni siquiera te
conocí ni siquiera alcancé a ver tu rostro ni siquiera sé qué hacías justo en
esa avenida, por supuesto ni siquiera supe tu nombre. Sin embargo, te fuiste y
al hacerlo te atravesaste en mi camino y en el de varios que estábamos ahí:
unos cruzando la calle, otros dentro del coche y, todos, todos, metidos en lo
nuestro.
Desde que tu
cuerpo deshecho, tirado sobre el asfalto, se cruzó en nuestras vidas, al final
de aquella jornada, no dejo de pensar en ti. Aún imagino tu cara, a tu familia,
quizás a tus hijos y a todos tus seres queridos. Ellos que, esa noche, se
quedaron esperándote, pero sólo recibieron una llamada o un mensaje o una
visita que les dio la noticia final: tu cuerpo no resistió el golpe y quedó
sobre la vía, mientras tu alma seguía su viaje sin alcanzar a decir adiós a
quienes más querías.
No te conocí,
pero estás en mis pensamientos. Esa noche sólo pude hilar una desordenada
oración, con la esperanza de que encuentres pronto tu ruta, con la ilusión de
que pocos pendientes te retengan y cruces hacia la felicidad, con la esperanza
de que tus amores te vuelvan a ver… cuando llegue el momento.
Adiós…
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