jueves, 11 de junio de 2020

Adiós flaco

Adiós flaco, eres humo, eres un ángel. El martes (9 de junio de 2020) te fuiste. Tu cuerpo cansado y destrozado dejó de luchar y tu alma partió al infinito. Es la primea vez que no contengo las lágrimas por alguien a quien no conocí de cerca, al menos físicamente.
Desde el 9, solo escucho tus canciones, tu voz dulce acompaña el trabajo, la comida y los pensamientos. Tal vez tu enfermedad, tal vez tu sencillez para aceptarla, tal vez tu resiliencia, o tal vez tu última melodía entusiasta y que disimula el cansancio, en ese video ya visto por millones, o simplemente porque estás en mis recuerdos desde hace más de 20 vueltas al Sol, tu partida sacó lágrimas de mis ojos.
Desde ese 9, recordé los años universitarios, cuando nació una de las amistades más importantes y cuando Gaby me presentó tus canciones, aquellas que nos hacían soñar con convertirnos en la flaca que había logrado enredarse en tus cabellos.
Más de dos décadas después, toca decir adiós, apagar el soundtrack de la juventud y aceptar que el último cuarto corre desde hace rato. Es hora de mirar atrás, aceptar las cargas y abrazarlas con alegría, dar la bienvenida a las enfermedades que conocimos en este tiempo, a las pérdidas y, en especial, agradecer por el cariño sincero que no se va, a pesar de los malentendidos.
Por eso y más te lloro, aunque nunca supiste quién fui y yo solo te contemplé tras una pantalla.
Adiós Pau Donés, hasta pronto Jarabe de Palo. Saluda a los ángeles que te precedieron, dile a mi mamá que te cuide, ella sabrá qué hacer...
"Gracias por lo que nos diste, es mucho más de lo que pedimos"


viernes, 15 de abril de 2016

El desconocido

Mientras descansaba sobre una banca en la plaza, con los ojos fijos en la nada, se sentó a mi lado el amor. Me sonrió, yo le sonreí (como en la canción), platicamos un buen rato, nos miramos hasta lo más profundo de nuestros ojos y nos dimos un abrazo…

Luego, él se levantó, me hizo un gesto con la mano para que lo siguiera, pero yo me quedé quieta: no pude reconocerlo. Mi amor no se parecía al príncipe azul esperado, era muy “normalito”…  Por eso se fue con los ojos entristecidos y no me di cuenta hasta que el día terminó y mi banca en la plaza se confundió con la oscuridad de la noche. Cuando quise buscarlo ya era tarde, había partido hacia el infinito…

viernes, 2 de octubre de 2015

Monstruos

Los monstruos existen pero no sabemos cómo identificarlos. Nos enseñan que son feos, dan miedo y un poquito de asco. Sin embargo, es otra la realidad: los monstruos no son peludos, deformes y, por supuesto, no asustan.
Tal vez por eso, los monstruos pueden acercarse a nosotros, sonreírnos y apropiarse de nuestras energías hasta que se llevan todo y nos dejan vacías, vencidas y caídas: por dentro y por fuera.
Esa nada nos da pánico y nos impide seguir o incluso ponernos de pie. Cuando nos damos cuenta es tarde, queremos correr, alejarnos… pero no podemos y perecemos bajo el fuego del terror.

… Cuando las llamas se extinguen, apenas quedan rastros de lo que fuimos. Algunas aún podemos armarnos de nuevo, otras ni siquiera tenemos esa oportunidad. El ataque fue certero y nos destrozó el alma, el cuerpo. Luego del pánico subsisten quienes nunca nos dejaron, quienes reconocieron a los monstruos, pero cuyas advertencias no escuchamos. Lo terrible es que esos ángeles visionarios están más solos que nosotros, porque ni siquiera nos tienen para ayudarlos en la batalla que emprenden para atrapar a los monstruos, para que ya no vuelvan a hacer más daño… 
Quizás, más adelante el dolor se anestesie y la paz retorne a las vidas de quienes dejamos atrás. ESPERO QUE ASÍ SEA.

miércoles, 5 de agosto de 2015

Abismo

En el fondo de mis ojos hay un abismo. En el fondo oscuro habita mi mayor miedo. Ese desconocido está agazapado ahí desde hace decenios. Ese que no tiene nombre, a veces susurra desde la parte más recóndita de la sima acuosa de mis retinas, desborda el límite de mis párpados y, sin aviso previo, inunda mi rostro.
En ese abismo habitan mis miedos y desconsuelos. Esos momentos que no quiero recordar, pero que no puedo olvidar: la última mirada de quien se fue a otro plano; la última sonrisa de mi madre antes de perderse en el laberinto de su mente…
… Y, en especial, aquella vez cuando, hace ya mucho tiempo, el primer amor me deslumbró. Ese amor que acompañó mi primer crecimiento, mi primera transición, mientras yo seguía enceguecida ese sendero que marcó el resto de mis amores.
Ese amor que se llevó todo y me dejó extraña e inexplicable para otros amores que posaron sus miradas frente a la mía. Esos que, invariablemente, huyeron porque vieron el abismo y creyeron vislumbrar su fondo, pero que sólo contemplaron la superficie helada y oscura…
… Quizás fue mejor así… porque ahí en el fondo sólo estoy yo, con miedo, frágil y aún niña. En el fondo no hay defensas y, tal vez, corro el riesgo de quedar nuevamente deslumbrada.

miércoles, 18 de marzo de 2015

Mi planeta

Mi planeta está hecho a mi medida. Su cielo es celeste y está matizado con todos los tonos naranja y tierra que puedas imaginar. Sus nubes son suaves algodones, aunque sea un tópico tan común. El suelo es fértil y tiene muchos árboles, flores y, por supuesto, predominan los colores verdes. También tiene ríos, lagos y mares azules y transparentes.
En este lugar yo soy feliz, estoy tranquila y puedo vivir a plenitud. Este mi mundo gira alrededor del mismo Sol que ilumina el tuyo, pero el mío es invisible para ti y los tuyos. A veces, cuando en tu cielo la atmósfera es muy clara, logras ver un destello de mi planeta, pero cómo dura muy corto tiempo nadie da fe de su existencia.
Eso está bien. Así yo puedo decidir quién viene y quién no. De este modo no tengo que preocuparme porque algún visitante inesperado quiebre la paz de mi hogar.  Intente apoderarse de él o quiera destruir su equilibrio.
¿Suena egoísta? Quizás, pero tengo una obligación que cumplir. Éste es mi planeta, pero no porque yo sea su dueña, sino porque yo tengo la responsabilidad de cuidarlo. Hace muchos años, vivió aquí una colonia de visitantes llegados de tu planeta. Ellos construyeron una pequeña ciudad y comenzaron a disfrutar del clima primaveral de mi planeta. Pero se olvidaron de cumplir las reglas. Nada extraordinario: talar árboles dónde no debían hacerlo, cazar más de lo autorizado, no limpiar la basura, y mi planeta comenzó a sufrir, su cielo perdió vigor, el agua comenzó a tener un olor extraño y bastante feo, como si algo estuviera podrido y varias otras cosas más, que no te cuento, porque no quiero quejarme de los tuyos. Simplemente, ellos no pudieron adaptarse a las particularidades de este mundo.
Por eso, un día les pedí que se fueran y  así lo hicieron. Pero esa es una historia que otro día te contaré. Sólo quiero decirte que, después de mucho trabajo y esfuerzo mi planeta recuperó su energía, aunque quedaron algunas cicatrices y heridas que no pueden sanar… pero no recordemos eso. Ahora, no quiero que comiences a preocuparte sin motivo. Ya tendremos oportunidad de conversar sobre esas historias.

lunes, 4 de agosto de 2014

Que te vuelvan a ver…

Ni siquiera te conocí ni siquiera alcancé a ver tu rostro ni siquiera sé qué hacías justo en esa avenida, por supuesto ni siquiera supe tu nombre. Sin embargo, te fuiste y al hacerlo te atravesaste en mi camino y en el de varios que estábamos ahí: unos cruzando la calle, otros dentro del coche y, todos, todos, metidos en lo nuestro.
Desde que tu cuerpo deshecho, tirado sobre el asfalto, se cruzó en nuestras vidas, al final de aquella jornada, no dejo de pensar en ti. Aún imagino tu cara, a tu familia, quizás a tus hijos y a todos tus seres queridos. Ellos que, esa noche, se quedaron esperándote, pero sólo recibieron una llamada o un mensaje o una visita que les dio la noticia final: tu cuerpo no resistió el golpe y quedó sobre la vía, mientras tu alma seguía su viaje sin alcanzar a decir adiós a quienes más querías.
No te conocí, pero estás en mis pensamientos. Esa noche sólo pude hilar una desordenada oración, con la esperanza de que encuentres pronto tu ruta, con la ilusión de que pocos pendientes te retengan y cruces hacia la felicidad, con la esperanza de que tus amores te vuelvan a ver… cuando llegue el momento.
Adiós…